La estructura del subsuelo puede ser conocida, sin necesidad de excavar, por medio de tecnicas obtenidas en lo últimos años, que penetran o alcanzan lo que no es capaz de ver el ojo humano. Estos aparatos tienen determinadas cualidades fisicas y quimicas.
La prospección magnetica consiste en la medición de la intensidad del campo magnético de la tierra con un magnetómetro de alta sensibilidad, por ejemplo si se aumenta la intensidad, puede significar que en la antigüedad ha podido haber un horno o un hogar. También la existencia de muros, u otras alteraciones artificiales puede rastrearse mediante prospecciones eléctricas (un potenciometro registra la resistencia que ofrece el suelo al paso de una corriente eléctrica que se hace pasar a través de electrodos clavados en el suelo a una profundidad determinada, haciendo después una serie de mediciones se obtiene una curva de resistividad cuyos altos y bajos denuncian la existencia de muros y otras incidencias) y sísmicas (a partir de un foco de explosión, la onda expansiva se recoge con sismógrafos muy sensibles que si detectan irregularidades avisan de la posible existencia de muros.
La prospección geoquímica (utilizada para encontrar yacimientos) se basa en el principio de que las zonas habitadas por el hombre presentan mayor fertilidad quimica. Se comienza tomando muestras de terreno a pocos centimetros de profundidad y analizando las especies qeuímicas de ahí. Estas técnicas se emplean combinadas entre sí y con otras más, la más destacada es la de la Fundación Lerici, del Instituto Politécnico de Milán para el estudio de las necrópolis etruscas. Destacan en cuanto a instrumentos el periscopio de Nistri, la sonda por C. Lerici...

